Hace dos años empecé con todo esto, hace dos años que todas las chicas de mi instituto hacían dieta para estar más delgadas y guapas, hace dos años que me metí tanto en esto que ya no puedo salir. Al principio todo iba bien, comía lo que debía y hacía el ejercicio necesario para ejercer mis músculos, pero veía como las otras chicas estaban mejor que yo; me comparaba con ellas y me encontraba horrenda, no era yo… Cuando me quise dar cuenta me encontré en un callejón sin salida, me miraba al espejo y… Muslos demasiado grandes, tripa de una señora embarazada, cara de hámster, caderas anchas, brazos rollizos… Y la gente apretando la herida más y más: que si el pan engorda, que hay que hacer más ejercicio, que si esta talla es muy grande, ¿me prestas esta camiseta? No creo que te valga pero si quieres te acompaño a comprar una… esas cosas que sin que te des cuenta te hacen enfermar más.
Las horas de las comidas son las peores horas del día… no me gusta que me vean comer, que vigilen lo que como… Antes de todas las comidas cojo el paquete de lo que voy a comer y leo sus calorías, hay que asegurarse de que tengan pocas, y tampoco es que coma mucho pero mi madre siempre me dice que tengo que comer más. Que quiere ¿qué engorde más todavía? Algunas veces por hacer feliz a mi madre como lo que me pone y luego, al terminar, voy al baño y… También calculo lo que he comido y recorro los kilómetros necesarios para gastar todas las calorías que he comido; pero aún así me veo gorda y fea, y cada vez que salgo a la calle la gente me mira y me siento más gorda y más fea y la herida se hace más grande y duradera.
Y por culpa de esto ya no tengo amigas ni amigos, cuando empecé a engordar se alejaron de mi como moscas y yo me sentía peor… En casa tuve que tapar el espejo de mi habitación porque en él veía un monstruo. Ya no sabía qué hacer para adelgazar había intentado buscar por internet dietas específicas pero ninguna me convencía.
Terror es lo que sentía en ese momento, terror de no gustar a la gente, angustia por mi madre que no era feliz, tristeza por haber perdido a mis amigos, me sentía mal conmigo misma, era frustrante no poder adelgazar, en vez de eso engordaba más y más…
Me acuerdo un día, estaba yo en el baño cuando escuché unos gritos procedentes de la cocina; eran mis padres peleando, mi padre le decía a mi madre que si no se daba cuenta de que había ido a vomitar y mi madre lo negaba, no quería ver la realidad. Mi padre le sugería a mi madre que me llevaran a un médico y mi madre empezó a llorar, en ese instante salí del baño, crucé la puerta de la cocina y acepté ir yo misma al médico.
Y cada día hasta el día de hoy, a las cuatro de la tarde, me dirijo al médico, sola y asustada cada vez que voy. Llegaba y veía a esas chicas que sufrían la misma enfermedad que yo; todavía no me entraba en la cabeza que estuviera sufriendo una enfermedad, más bien no quería verlo.
Con el tiempo me fui acostumbrando, me ayudaron mucho en ese sitio y me hice amigas de las otras chicas, alguna que otra recaía pero entre todas la ayudábamos a levantarse de nuevo, a creer en ella misma. Una de las enfermeras me dijo una vez que era la más fuerte del grupo, y eso me hizo ir a más, a superar esta enfermedad.
Y el día en el que marcó mi vida, ese día, cuando me miré por primera vez a un espejo desde que entré en este lugar. Me tocaba el turno a mí, me puse enfrente del espejo, cerré los ojos y al abrirlos vi a una persona demacrada, muy delgada; y me di cuenta enseguida… comprendí que sufría anorexia.
Hay que aprender a ser fuerte.
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