martes, 12 de octubre de 2010

Anorexia.

Hace dos años empecé con todo esto, hace dos años que todas las chicas de mi instituto hacían dieta para estar más delgadas y guapas, hace dos años que me metí tanto en esto que ya no puedo salir. Al principio todo iba bien, comía lo que debía y hacía el ejercicio necesario para ejercer mis músculos,  pero veía como las otras chicas estaban mejor que yo; me comparaba con ellas y me encontraba horrenda, no era yo… Cuando me quise dar cuenta me encontré en un callejón sin salida, me miraba al espejo y… Muslos demasiado grandes, tripa de una señora embarazada, cara de hámster, caderas anchas, brazos rollizos… Y la gente apretando la herida más y más: que si el pan engorda, que hay que hacer más ejercicio, que si esta talla es muy grande, ¿me prestas esta camiseta? No creo que te valga pero si quieres te acompaño a comprar una… esas cosas que sin que te des cuenta te hacen enfermar más.
Las horas de las comidas son las peores horas del día… no me gusta que me vean comer, que vigilen lo que como… Antes de todas las comidas cojo el paquete de lo que voy a comer y leo sus calorías, hay que asegurarse de que tengan pocas, y tampoco es que coma mucho pero mi madre siempre me dice que tengo que comer más. Que quiere ¿qué engorde más todavía? Algunas veces por hacer feliz a mi madre como lo que me pone y luego, al terminar, voy al baño y… También calculo lo que he comido y recorro los kilómetros necesarios para gastar todas las calorías que he comido; pero aún así me veo gorda y fea, y cada vez que salgo a la calle la gente me mira y me siento más gorda y más fea y la herida se hace más grande y duradera.
Y por culpa de esto ya no tengo amigas ni amigos, cuando empecé a engordar se alejaron de mi como moscas y yo me sentía peor… En casa tuve que tapar el espejo de mi habitación porque en él veía un monstruo.  Ya no sabía qué hacer para adelgazar había intentado buscar por internet dietas específicas pero ninguna me convencía.
Terror es lo que sentía en ese momento, terror de no gustar a la gente, angustia por mi madre que no era feliz, tristeza por haber perdido a mis amigos, me sentía mal conmigo misma, era frustrante no poder adelgazar, en vez de eso engordaba más y más…
Me acuerdo un día, estaba yo en el baño cuando escuché unos gritos procedentes de la cocina; eran mis padres peleando, mi padre le decía a mi madre que si no se daba cuenta de que había ido a vomitar y mi madre lo negaba, no quería ver la realidad. Mi padre le sugería a mi madre que me llevaran a un médico y mi madre empezó a llorar, en ese instante salí del baño, crucé la puerta de la cocina y acepté ir yo misma al médico.
Y cada día hasta el día de hoy, a las cuatro de la tarde, me dirijo al médico, sola y asustada cada vez que voy. Llegaba y veía a esas chicas que sufrían la misma enfermedad que yo; todavía no me entraba en la cabeza que estuviera sufriendo una enfermedad, más bien no quería verlo.
Con el tiempo me fui acostumbrando, me ayudaron mucho en ese sitio y me hice amigas de las otras chicas, alguna que otra recaía pero entre todas la ayudábamos a levantarse de nuevo, a creer en ella misma. Una de las enfermeras me dijo una vez que era la más fuerte del grupo, y eso me hizo ir a más, a superar esta enfermedad.
Y el día en el que marcó mi vida, ese día, cuando me miré por primera vez a un espejo desde que entré en este lugar. Me tocaba el turno a mí, me puse enfrente del espejo, cerré los ojos y al abrirlos vi a una persona demacrada, muy delgada; y me di cuenta enseguida… comprendí que sufría anorexia.



Hay que aprender a ser fuerte.

Estrellas, nubes, amistad.

Lo que más le gustaba a Elisa era soñar. Cada día, a cada hora soñaba y soñaba con miles de historias. Soñaba que era un gran pirata, o un fiero dragón que custodiaba un tesoro, a veces soñaba que volaba o que podía pilotar un cohete y que iba hacia las estrellas, soñaba incluso con ser una princesa de un reino sin nombre, soñaba que tocaba el arcoíris con la punta de los dedos, también soñaba que se balanceaba en la luna y saltaba entre los planetas.
Una tarde de primavera Elisa se encontraba debajo de la sombra de un árbol cuando escuchó una risa al otro lado del árbol, se levantó y miró, había un niño de su misma edad mirando a las nubes y riéndose solo, ella extrañada se acercó más, el niño se sobresaltó pero sonrió y con un gesto de la mano la invitó a tumbarse con él. Ella sin decir nada accedió y se dispuso a ver las nubes.
-          Mira, parece la cara de un payaso. Y esa es un avión; esa otra un corazón y la de más allá un fiero barco de piratas con sus cañones.
Elisa se quedó callada, estaba eufórica buscando nuevas figuritas entre las nubes. ¡Ella también quería encontrar una!
-          … Y ahí una llave…
Elisa esperó a que aquel niño contestara.
-          Es verdad, y abre la cerradura de ese tesoro.
Elisa sonrió y le preguntó cómo se llamaba, él respondió que se llamaba Nicolás pero así es como le llamaban sus padres cuando de enfadaban, a él le gustaba que le llamaran Nico.
Nico era un chico que jugaba solo, no tenía amigos pues decían que estaba loco cuando le veían jugar sólo. Elisa le preguntó que porque jugaba solo y él respondió porque a mí lo que me gusta es soñar. Elisa empezó a reír y dijo: ¡Cuidado! ¡Los monos nos atacan!
Y juntos jugaban a miles de juegos, cuando se cansaban pasaban a otro juego y se reían por los lugares que se inventaban ellos mismos. A lo que más jugaban era a piratas con monos voladores que les atacaban y con un silbato llamaban a ballenas con alas para ayudarles, eran felices en su mundo. Pero lo que más les gustaba era mirar las nubes y por la noche mirar las estrellas, juntos se enseñaban cosas: donde estaba la osa mayor, o el cinturón de Orión e incluso la vía Láctea… siempre con un brazo en alto para señalar y los ojos bien abiertos para no perderse nada.
Una tarde Nico invitó a Elisa para que merendara con él y así jugar, le iba a enseñar su lugar secreto; nunca se lo había enseñado a nadie.
Después de merendar chocolate con pan, Nico dirigió a Elisa hasta el desván de su casa; al entrar, Elisa se quedó asombrada, había barcos y coches por todos lados, una sábana que hacía de tienda de campaña y muchos libros, también tenía un baúl antiguo por el que sobresalía una bandera pirata ¡Era un baúl de disfraces! Es el mejor lugar en el que había estado Elisa. Pero lo que más le llamó la atención fue un gran telescopio que miraba hacia una ventana. Elisa le preguntó que si podía mirar y Nico le dijo que esta noche. Y como le dijo Nico esa noche disfrutó como nunca de las estrellas al lado de su mejor amigo.
Elisa se encontraba mirando las sombras que hacía el árbol cuando empezó a impacientarse; había quedado con Nico y él todavía no aparecía. Pasaron las horas y nada, no apareció; cuando llegó la noche Elisa se fue a casa con mucha decepción y miles de sueños rotos.
Las semanas pasaban y a veces Nico aparecía y otras no. Elisa se dio cuenta que el pelo de Nico era menos espeso que antes, tenía menos, pero no le dio importancia; Elisa sentía algo malo en su pequeño corazón pero solo quería aprovechar el máximo tiempo posible junto a su amigo. Prometieron verse mañana otra vez, pero ese día nunca llegó.
Cuatro meses habían pasado desde esa última vez, Elisa estaba enfadada y preocupada a la vez, aunque sólo tenía 7 años se daba cuenta de que algo iba mal asique fue a casa de Nico.
Llamó a la puerta y le abrió su madre, Elisa preguntó dónde estaba Nico, la madre entró en casa y cogió algo de la mesilla y se lo dio a Elisa.
-          Léelo… Nico nos dijo que se lo diéramos a su mejor amiga, a su única amiga.
Con una sonrisa de tristeza la madre entro en casa y Elisa se dirigió a su árbol.
Lo que le dio la madre de Nico era un sobre con el nombre de Elisa escrito en él. Ella lo abrió sin dudarlo.
Era una carta con mala letra emborronada, Elisa empezó a leer:
Querida Elisa:
Siento no poder disfrutar contigo de nuestras nubes y estrellas pero es que estoy en el médico, no me encuentro muy bien, a veces me duele la cabeza y me desmayo mucho, mi pelo ya no es el que era antes, se me ha caído casi todo;  también se me olvidan muchas cosas pero nunca las cosas que hemos pasado juntos, esas cosas no están en la cabeza si no en el corazón.
He oído decir al médico que no duraré mucho, siento un poco de miedo pero cuando miro por la ventana y veo la luna se me pasa porque sé que tu también la estarás mirando desde la tuya. Sólo quería decirte que no iré más a nuestro árbol, me voy, no sé a dónde pero me voy, aunque sé que en él estaré bien porque las estrellas son las mismas desde todos los lados de la tierra… las nubes no lo sé pero las estrellas sí… he intentado bajar una  estrella para ti pero es muy difícil; el hilo es demasiado corto y aunque he intentado subirme a un árbol tampoco funciona. Mira al cielo y busca la estrella más brillante, esa es nuestra estrella. Cuando la mires ¿te acordarás de mi? Seguro que sí, como yo me acuerdo de ti cada vez que miro al cielo.
Gracias por no huir de mí por jugar solo, gracias por acompañarme en mis juegos, gracias por compartir conmigo tus barcos pirata, gracias por ser mi amiga.
Elisa dobló la carta y empezó a buscar la estrella con una sonrisa en la cara. Cuando la encontró cerró los ojos y dijo: Gracias a ti por intentar alcanzar una estrella.